martes, 3 de mayo de 2016

El cristal caído

El cristal más hermoso que adorna esta casa se quebró y con él se quebró un pedazo de mi alma...

En seguida fue levantado y unidas cada una de sus delicadas piezas. Unas tenían filo e hirieron, otras sólo eran trozos ásperos.

El cristal era bello antes de caerse, pero las hueyas de quienes lo tuvieron entre sus manos, se hicieron ya roto más notorias.

Al caer la tarde el rayo de luz que se colaba por la ventana hacia de aquel cristal un fantástico espectáculo. La refracción luminosa pintaba un arcoíris por dentro y por fuera y se quedó corta toda explicación científica del fenómeno.

Ese rayo de luz llamado Consolador del Alma hizo que las caída de aquel cristal respondieran tantos porqués y lo convirtieran en algo perfecto.

El cristal ahora yace en un lugar privilegiado, en el que toca siempre la luz y con ella las huellas no se borraron, pero se hicieron cada vez más opacas.

El cristal sigue siendo hermoso, nunca el mismo si no mejor.

Victoria López

Verde

Miro en retrospectiva, cada color que he preferido y cuanto refleja eso lo mucho que he cambiado.

Del turquesa de mi vestido de quince pasé al morado, como identidad de un apodo muy querido.

Hoy quiero decirles que me gusta el verde, pero no cualquier verde, me gusta el verde bambú.

Me gusta el verde esperanza, ese que aniquila mi impaciencia, que me da paz en medio del negro de cada situación. Me gusta lo incierto y lo bueno que está por suceder. Incluso me gusta lo malo, porque hasta en ello hay esperanza y una lección esperando.

Me gusta comer verde y estar en armonía conmigo. Me gusta lo que el verde hace con mi desnudez frente al espejo. El verde me ama tanto que ha cambiado mi forma de pensar en los placeres efímeros versus la salud de protagonista.

El verde bambú me encanta, me hace fuerte como las raíces de la planta en sus cimientos, que esperan el tiempo justo para alcanzar el cielo. Esa planta milenaria que me ha dado buenos consejos citados en el libro "El secreto del Bambú", del escritor y conferencista Ismael Cala, que ahora cito textualmente:

- Echa raíces profundas antes de salir a conquistar tu realidad y lanzarte en pos de tus sueños.

- Sé flexible, nunca te quiebres, aunque a veces pienses  que la vida pesa demasiado.

- Practica la humildad.

- Sé agradecida y bondadosa.

- Prepárate para ser útil en muchos terrenos de la vida, y nunca dejes de aprender.

- Apóyate en lo colectivo. Escucha a los demás. Recuerda: eres una animal gregario.

En fin, el verde es maravilloso, engloba en sí mismo tantas cosas positivas que van más allá de estar en armonía con la naturaleza, como se asocia comúnmente.
El color de mi cacharro que me ha llevado y traido por 8 años, el logo de mi Alma Mater, sin duda el verde es el mejor.

Espero que pronto me regalen algo verde.

Victoria López

jueves, 14 de abril de 2016

Eso que no soy

Ojalá fuera eso que no soy y sería perfecta. Me encantaría lo que el maquillaje hace en mi rostro y la ropa en mi cuerpo.

En cambio me prefiero susceptible a todo eso bueno que no se acaba. A la luz que entra por mi ventana en la mañana y el olor a tierra mojada. Hay cosas que no soy y nunca seré, una amable vecina y buena conductora. Esa, con el futuro resuelto y las cuentas bancarias abastecidas. Con un apellido destacado y una interesante herencia esperando.

Prefiero ser yo y sumergirme en el caudal de lo insierto. Siendo la única regla aceptar y agradecer mi suerte, sonreír bajo la lluvia y sostener la vista al horizonte.

Ojalá fuera eso que no soy y sería tan vacía y efímera, como esos que entienden el valor de lo material. Soportaría que me juzgaran por mi apariencia y no por mi valor.

Aguantaría tardes sociales con gente inconsecuente, de esa que habla mucho y no escucha nada. Tendría ojos para dentro para corregir mis errores sin siquiera haberlos cometido y escribiría cosas hermosas cada vez que alguien me lo pide.

Pero este desastre que ahora soy, me gusta y me sostiene viva, más viva que nunca.

Victoria López

jueves, 25 de febrero de 2016

La pluma dormida

Mi pluma está dormida. Descanza del tormento. Se mantiene en el refugio del silencio, lejos de los gritos estridentes del descaro.

Mi pluma está dormida. Sueña de esos domingos en el bosque, en los que su imaginación volaba muy alto. Cuando se sentía tranquila.

Mi pluma está soñando en los mucho que quiere escribir pero no puede. La tinta de su inspiración se encuentra estancada y cree que no es tan buena, porque hay mejores marcas, porque hay mejores trazos.

Mi pluma está cansada de intentar llenar hojas en vano, garabatos que a nadie le importan.

Mi pluma está avergonzada de algunos escritos del pasado, esos que no reflejaron lo que realmente era y más aún por los que se borraron cual tinta deleble.

Mi pluma está esperando que brote el negro en el momento preciso y pueda demostrar la razón de su existencia. Ese momento despertará y sabrá que nada de lo que hizo fue en vano.

Mi pluma está escribiendo mi nombre en su concepto más vacío.

No culpen a mi pluma, porque aún le queda un poco.

Victoria López

viernes, 30 de octubre de 2015

Perder para ganar

Hay que perder para ganar. Es una premisa que recordaré toda mi vida y de la cual hoy culminó una lección aprendida.

Perdí el amor, perdí unos kilos, aunque luego los subí al triple. Perdí dinero en estupideces, perdí amigos, que no eran tan amigos.

Perdí el tiempo y un par de buenas oportunidades. Perdí horas en el tráfico. Perdí un trabajo estable, gané otro que parecía bueno, pero luego lo perdí también.

Perdí la cordura pero no la dignidad y perdí más tiempo.

Perdí uno de cada par de aretes que compré, perdí mis facturas. Perdí los audífonos de mi teléfono y cientos de colas.

Perdí el control y me enojé. Perdí la vergüenza y lloré. Perdí momentos con los míos y gané risas con desconocidos.

Perdí un examen privado contra todo pronóstico y me arrebataron varias oportunidades de inmediato, pero entre toda la frustración que eso causó, entendí que gané más de lo que perdí.

Gané experiencia y madurez. Reafirmar que el mundo no gira en torno a mis deseos y que cada cosa llega en el momento justo, ni antes ni después.

Gané la oportunidad de conocer cada defecto y virtud de seres humanos que hoy forman parte de mi esencia y cuanto agradezco haberlos conocido.

Gané conocimientos que nadie me los quitará. Gané secretos que serán solo míos. Gané sonrisas perdidas y consejos efímeros. Gané amor y lealtad, discernimiento y desagrado.

Gané dinero, que luego volví a perder, pero no me arrepiento de nada de lo que hice ni dejé de hacer.

Gané tantas cosas que pensé que había perdido. Perdí a la niña y gané a la mujer.

Y entre tantas cosas que perdí y que lloré, hoy gané una más: el examen privado que me acredita como Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social, título que si bien no es sinónimo de inteligencia, si lo es de perseverancia. Por lo que entre tanta perdición hoy me aplaudo a mi misma y digo orgullosamente, lo logré.

Gracias a todos los que creyeron en mi victoria, pero más a los que me veían perdedora.

Ofrezco este triunfo, cual dedicatoria de tesis, a mi Padre el Altísimo, que cuidó cada paso firme y cada paso perdido. A mis papas que apoyaron mis desiciones y me tendieron su mano. A mi hermanos que me inspiraron a ser su ejemplo. Amigos y demás familia que estuvieron pendientes y me consolaron, les digo ahora tenemos que celebrar.

No cabe mi gratuitud en estas palabras, pero estoy consciente que este es el final del inicio y lo mejor siempre es lo que está por suceder.

Gracias a todos.

Victoria López

viernes, 16 de octubre de 2015

Tan humana y perdedora

Tengo tantas palabras atoradas en los dedos que quieren contar tanto de mi, pero no me gusta parecer egocéntrica y sinceramente pienso que no a muchos les interese...

He de confesar que soy mejor escuchando que hablando y leyendo que escribiendo, pues sigo siendo un alma efímera que esta muy lejos de ser perfecta.

Hoy me encuentro en medio del puente entre la paciencia y perder el tiempo, pero he comprendido que no soy ni seré lo que nadie más espera que sea.

Sólo seré yo. Y allí estaré, esperando que alguien lea estas deprimentes letras, y puedan puedan quedar recicladas en el  inconsciente de más de uno.

Seré yo, acatando la autoridad y meditando entre lo que me parece correcto y lo que no. Sirviendo con pasión a quien se deje y siendo benevolente.

Confundida y aturdida entre el ruido estridente del mundo y la paz de mi habitación llena de blanco.

Agradecida por las lecciones de la vida y esa gente mal intencionada que me ha enseñado a como nunca debo ser. Con la vista en el firmamento y recociendo que la altura se mide de la cabeza al cielo, por lo que cuanto ayuda estar de rodillas.

Seré yo, tan humana y perdedora, pero digna y victoriosa por la gracia de el Ser Supremo, que en este diluvio de la vida me ha enviado su barca y me llevado a la otra orilla.

Victoria

martes, 16 de junio de 2015

Estimado señor López

Estimado
SEÑOR
Ennio López
Presente

Estimado señor López, le envío un cordial saludo, esperando que se encuentre bien, sudando poco y trabajando mucho. Que haya desayunado antes de hacer los mandados, porque su salud es importante.

¿Ya vio que lindo día hace hoy? Me reservo el derecho de revelar la cantidad de años que pasaron desde que el mundo goza del deleite de su presencia. Ese día en que los doctores estaban de goma y en vez de cortarle el ombligo. Cantaron los risueñores...

Al inicio de la redacción de ésta carta pensé en muchas de las que he redactado antes, en las que debo predecir, o incluso investigar, que si al célebre sujeto al que la dirijo es ingeniero, licenciado, máster o doctor (aunque sea con título comprado), pero como claro está, usted no tiene ningún título de esos.

Le puse SEÑOR, con mayúsculas, porque hasta esa palabra le queda corta. Es usted todo un señor, digno de más respeto que un don con títulos colgado en la pared; porque su compromiso y pasión en lo profesional, vale más que cualquier reconocimiento académico. Porque su carisma lo ha hecho ser reconocido en el gremio, no como el más prominente, pero si como el más servicial.

Y es que si usted no cree en mis palabras, haga un recuento de todos los que están pendientes de felicitarlo un día como hoy, aunque esto lo llene de melancolía. Personas que como yo, no caben de la felicidad de poder celebrar un año más de su natalicio y poder seguir disfrutando de esas tomadas de pelo seguidas de una carcajada.

Siéntase dichoso, señor, de todo eso que es, de cada trago de miel y de hiel. De cada caída y cada levantada.

Después de mi corto saludo, paso a lo siguiente.

Quiero tomar esta fecha para expresarle mi profundo agradecimiento por ser mi papá, porque que me haya planificado o no, es tan invaluable el valor de su existencia para mí, como la mía para usted.

Es usted, el responsable de gran parte de mi felicidad, desde cuando niña me tomó en sus brazos y me enseñó el 89.5% de las cosas que sé.

Y ese cálculo tan alto del porcentaje, proviene de la premisa que ha permitido aprender muchas cosas más en la vida:
Ser agradecida y trabajar duro por lo que quiero.

Cada genialidad con la que me ha dejado el mejor sabor de boca a lo largo de mis años, cada abrazo a su llegada e incluso el vacío de ausencia, son para mí, sin ser exagerada, simplemente TODO.

Es usted, señor, tan bondadoso, que me regala hoy, el día de su cumpleaños, el honor de poderlo llamar Papá.

Papito, mío y sólo mío, aunque tenga que compartilo con mis hermanos, es sólo mío. Y no se imagina, lo mucho que me llena de felicidad poder llamarlo así a usted y no a otro hombre (porque todos estamos seguros que es así).

Jamás lo cambiaría a usted y a la frase de "El Marino" en la espalda, la cámara de vhs en el hombro, con el freno de mano, literalmente en la mano. Ni esa misma mano tomando la mía fuertemente, cambiando en la calle o sacandome a bailar...

Sin otro particular, me despido de usted, no sin antes reafirmarle, por si alguna vez lo duda, que me siento orgullosa de usted, por ese gran hombre que es. Y que también me siento agradecida por cada esfuerzo, por todo eso que me ha dado y eso que no.

Y sepa, algo que ya sabe. Que lo amo, con cuarentitantos o cincuenta, con todo o con nada, y que si algo anhelo en la vida es escribir más de su historia a mi lado.

Ana Victoria López

Guatemala 17 de junio de 2015.