lunes, 20 de octubre de 2014

¿Pero no me vas a regañar?

Algunos al leer el título de este singular blog, sabrán de que hablo y los que no, de seguro se van a reír...

Iniciaré haciendo una descripción del protagonista de esta anécdota, aunque creo que ningún escrito, por largo que sea, alcanzaría para nombrar todas y cada una de las virtudes que lo acompañan.

La revolución del 44 se queda corta con  la del 93. Un 20 de octubre cualquiera, que se iluminó con la luz de su mirada. Unos ojos negros y grandes, adornaban a una bolita negra (muy negra) y con los pelos parados. A mi, me trajo como regalo un juego de trastecitos y la mejor compañía para el resto de mis días. Y al mundo, una versión de cómo se debe ser un gran ser humano.

Su infancia fue sinónimo de gracia y gentileza. Yo pienzo en ti, tu vivez en mi mente, zola fija, zin tregua,  a toda hora...

Cuántos no escucharon ese poema enternecidos, al mismo tiempo de querer agarrarle los cachetes y abrazarlo. Ni hablar de las canciones malentonadas en el carro. A todas nos hizo una, pero nunca aprendió a cantar.

Él, tan atento y servicial, siempre estaba allí. Tan justo, pero susceptible. Tan buen compañero de juegos y de vida. Me enseñó, qué es entregarse a los demás.

Él, tan sencillo y positivo, me enseñó que no hace falta complicarse la vida y que es una opción ser feliz. Él, tan líder y decido, me sigue enseñando todos los días, cómo se es un auténtico constructor de sueños.

Un día, en una de nuestras usuales producciones familiares, dirigidas y grabadas por Papi, este dulce niño del que les hablo, nos enseñó cómo no se debe mentir.

Mientras nuestra productora e imitadora de "Chistina", y las bailarinas intentábamos mover el bote como la Selena, él se pintaba la mano con un marcador, sin reparar que el camarógrafo tenía un close up de su avería.

Al finalizar y sin detener la grabación, comenzó el interrogatorio.

-Mijo, ¿quien te pintó la mano?
-Un niño, papi.
-No, decime la verdad.
-De verdad papi.
-¿Qué niño fue?
...
(silencio incómodo)

-Bueno, te voy a decir la verdad. ¿Pero no me vas a regañar?
-No.
-¿Ni me vas a pegar?
-No, mijo.
-Fui yo.

He visto, reído y llorado con esa grabación miles de veces. Pero siempre llego a la misma conclusión. Ese niño que ahora es un hombre, no puede mentir. No sabe juzgar, no sabe rendirse. No sabe ser negativo ni indiferente.

Ese niño, que ahora es un hombre, hace mucho tiempo que me rebasó en altura y humildad. Tiene el don de escuchar y dar los mejores consejos.

Él, quien a veces me hace pensar que soy su hermana menor y no mayor, es el mejor amigo de tiempo completo que me dio la vida. Ese cómplice infalible de travesuras.

Se ganó el título de mi Tata, por hacerme sentir esa seguridad y estar allí siempre para mi. Regañándome si es necesario, o a veces sólo estando junto a mi en silencio.

Gracias porque son 21 años de revolucionar nuestras vidas con tu nobleza y entrega a nosotros, y le pido a Dios que sean muchísimos años más, por que no concibo despertar un sólo día de mi vida sin saber que te puedo encontrar en el cuarto de la par...

Te amo Tata

¡Feliz cumpleaños!

Victoria López

miércoles, 1 de octubre de 2014

Triste día del niño

En la escuela de la par se escuchan los gritos de alegría, los niños quiebran la piñata y se revuelcan por los dulces. Sus pedazos de uniforme terminan percudidos. Un día como hoy, primero de octubre, hasta los piojos se dan fiesta. Las niñas llegan con la colitas deshechas y los varoncitos terminan de romper los pantalones, a pesar de los refuerzos en las rodillas que les puso la mamá…

En el oscuro cuarto continuo, todavía huele a “miados”. Nadie ha recogido las bacinicas, ni limpiado los cartones mojados de sudor. Sí, los cartones. Que algunos usamos para que duerma un perro. Allí, duermen niños.

Sus almas descansan solo unas horas de su amarga realidad, su ignorancia los hace aceptar en silencio su suerte. No han escuchado las risas de la vecindad, porque la jornada laboral comienza a las cuatro de la mañana.

Tienen que estar listos en los semáforos temprano, para que los distinguidos empresarios, que madrugan, compren sus chicles, cigarros o las rosas para la secretaria. Tienen que estar vivos, porque tienen suficiente competencia, y de la venta depende el pago para “el señor”.

“El señor” está enojado. Cuatro no llegaron a la meta. Sí, ellos también tienen metas, como todos los vendedores. No hay excusa para no hacerlo, pues el  escenario consumista en el que se mueven, obliga a que un Fulano, quiera comprar un cigarrito de solo verlo.

Cuatro no se ganaron la única comida del día. Frijoles y arroz, café frío. No importa, dice Sarita, la mayor del grupo, quien se las ingenia para que entre todos dejen un poquito del mísero platillo servido  para darles a los castigados.

Son las ocho de la noche, y  los miembros del cuarto oscuro no sienten sus piecitos, no cabe más cansancio en los que deberían de ser cuerpos llenos de energía. Podrían estar manejando sus bicis, o viendo caricaturas. Podrían estar siendo regañados por el papá por haber roto el uniforme de la escuela, mientras la mamá lo vuelve a remendar. Podrían tener una simulación de caricia al ser despiojadas. Pero no, no tiene ni ese poquito de suerte…

No para todos es un feliz día del niño.


Victoria López