domingo, 22 de junio de 2014

Un auténtico sí

¿Quién dijo que el amor tiene que ser perfecto? El amor sólo tiene que ser real.

Las historia de amor de los cuentos de hadas que tanto me gustaban de niña, ahora se me hacen tan fofas, empalagosas y me causa disgusto el siquiera recordarlas. ¿Por qué la princesa tenía que ser un frágil y hermosa doncella, la mas bella del pueblo?  Alta, esbelta y con características de canon de belleza europea. ¿Por qué no puede ser chaparra, morena y gordita?

El príncipe, rubio y ojos azulamarino, siempre dotado de la suerte de ser heredero, y no ganarse por sí mismo tan anheladas riquezas, con excepción de Shrek, por supuesto.

Porque esas surreales historias que idealizamos, no pueden ser tan hermosas como la que a continuación voy a contar.

Ella, una hermosa princesa que nada tiene que ver con la de los cuentos. Una morenita que con su sonrisa encantadora, disimulaba el hecho de que apenas alcanzar los 1.50 metros de altura. Proveniente de una familia humilde, en donde más que prevalecer el orgullo de llevar el segundo apellido más común en Guatemala, prevalece esa lucha por afrontar con entereza y dignidad la adversidad.

Madre soltera de una hermosa niña. Hermosa no por tener las pestañas dobladas y la nariz respingada. Si no por ser sana y llevar en el torrente de sus venas, sangre de luchadora.

Él, aunque con unos hermosos ojos azules, que nada tiene que ver con uno de esos príncipes inventados, poseía una caballerosidad genuina que evidenciaba haber sido criado por una auténtica reina, de esas que no tienen corona ni sangre real.

Y es que tanto me chocan esas historias de Disney, que hacen creer que el amor es algo relativamente proporcional a la belleza. Ni hablar de las telenovelas mexicanas en dónde el protagonista puede enamorarse de la sirvienta, si y sólo si, tiene mejor trasero que la patrona. Entre mejor la haga ver el maquillaje, el tipo se enamora más.

La belleza se acaba señores. Se cae el pelo, se aguadan las nalgas, se cuelga el busto, aparecen arrugas. Y su aunque pareciera que todo tiene arreglo, y el dinero todo lo puede, no han inventado todavía cirugía plástica para el alma.

Continuando con mis auténticos príncipe y princesa, tengo que afirmar que ellos realmente se enamoraron. Él de su humildad y de su apasionante forma de ver la vida. Ella de su sonrisa y generosidad difícil de encontrar en estos tiempos.

Él aceptó la estrías y la cicatriz de cesárea de su prematuro y no deseado embarazo. Junto a una chiquilla que se convertiría en la luz de sus ojos.

Ella aceptó su barriga de "chelero", llegando a la conclusión que su gran tamaño se debía a que albergaba un gran corazón.

No hubo herencia más que la suma de los ajustados sueldos de ambos. No hubo anillo de oro con perlas de Swarovski, pero si uno de plata, tan sencillo y delicado, como las manos que lo recibían.

No hubo entrega de dotes, ni el ajuar de novia que muchos creen que las mujeres esperan. Hubo, en cambio trajes sencillos, sin más adorno que el de sus sonrisas.

No hubieron regalos de "Cemaco", ni siquiera hubieron muchos, pues los distinguidos invitados habían gastado lo poco que tenían para viajar desde lejos y honrarlos con su presencia.

Y allí, frente a todos, y hasta los que habían creído que no llegarían tan lejos juntos, se dieron un auténtico sí.

Se convirtieron en reyes, esos que no dominan reinos si no corazones, y no disfrutan de más riqueza que la de la vida misma. Y sin olvidar de continuar la difícil misión de criar a su princesa.

¿Será que puede mas nuestro prejuicio, que verle lo hermoso a esta verdadera historia de amor? 

lunes, 16 de junio de 2014

Señor sonrisa

Tengo tres días buscando la inspiración para escribirle algo lindo a mi padre en su día, y he llegado a la conclusión que no existen las palabras adecuadas para expresar tan fuerte sentimiento.

Y es que al pensar en el hombre que me ha hecho la mitad o quizá tres cuartos de lo que soy, se me vienen a la mente los mas exquisitos recuerdos de mi infancia y adolecencia, y me reconforta saber que nuestra historia continua.

Hay mucho que contar, pero comenzaré por ese 18 de enero de 1991, cuando lo conocí. Esperaban un lindo varón, pero ¡oh sorpresa!, resultó ser una "hembrita", cómo dicen en el pueblo. Me encanta escuchar esa historia, y mas cuando dice que bastó con verme a los ojos para enamorarse de mi. Yo también lo hice, y aunque no recuerde ese momento con exactitud, el sentimiento que me inunda hoy, 23 años después, explica la conexión de aquel día.

Y es que no existe un hombre de naturaleza completamente humana a quién yo pueda amar como a él.  Por quién yo sienta esa inexplicable paz de solo escuchar desde lejos el ruido de la colección de llaves que cuelgan de su cintura, y anuncian su llegada. O ese abrazo fuerte que siempre dura lo justo. Ni mucho, ni muy poco. O ese roze de su barba de "talibán", y su mejilla siempre húmeda por tanto trabajar.

No sé a ciencia cierta cuantos en este mundo crean en mi, pero él lo hace, a veces demasiado. Pero me encanta. Me encanta que me recuerda lo buena que soy, y lo hasta lo presuma con los demás . Quizá para algunos no sea nada, pero para mi lo es todo.

Me ha enseñado a ser una soñadora empedernida, y a volar tan alto sin despegar los pies del suelo. Me ha enseñado a decir gracias por todo y a todos, como símbolo de la inmensa humildad que lo distingue.

Me encanta observar como tiene esa facilidad de caerle bien a todo el mundo, y estoy segura que si no fuera mi padre y un día o conociera, igual lo querría. Porque es imposible no apreciar una sonrisa sincera recién salida del alma, junto a una broma, a veces mala,  pero siempre con la mejor intención.

Suena el teléfono. Una llamada para mí.

-Buenas noches, casa de la familia López, contestó. 

Y cómo si no fuera suficiente vergüenza para mí, luego lo escucho decir.

- De "pashte quién pa' preguntash".

Y esa es una, de muchas...

Tu humor, tu sonrisa y esa extraordinaria forma de ver la vida me inspiran Papito. Me encanta hablar contigo del futuro y saber que siempre te tendré. Físicamente los años que Dios quiera, pero en lo mas profundo de mi corazón no habrá nada ni nadie que pueda arrancarte jamás.

Me encanta caminar junto a ti y tomar tu mano,  cómo lo que siempre seré: Tu niña. Esa niña que confía ciegamente en ti, y piensa y nunca lo ha dudado, que tú, con todos tus defectos y virtudes, eres simplemente: El mejor papá del mundo.

Te amo.

Ana Victoria López

jueves, 12 de junio de 2014

La no anunciada crónica de una muerte

Hay diferentes puntos de vista sobre la muerte, pero todos convergen en que un día finalmente llegará.

Ese día no amanecí pensando en ti, si no en la innumerable lista de pendientes en la oficina. En cómo iba a arreglarme el pelo y si finalmente dejaría de llover.

De hecho aunque sabía de tu gravedad, necesitaba concentrarme al manejar, y no meterme en la infinidad de hoyos en el asfalto producto del invierno y la mala utilización  de mis impuestos.

Mi siempre egoísta forma de ser, no reparó en que ese dolor de pecho, de esos que las ancianas llaman mal presentimiento, tenía que ver con tu existencia.

Habían pasado dos semanas desde que las palabras se me habían quedado trabadas en la garganta, al verte sentado en la sala de la casa respirando con dificultad, y luego de haber ensayado media hora en cómo decirte que te amaba.

Nunca te lo dije en vida, tú si me lo dijiste, pero no tan literal.  Fue hace cinco años, cuando me observabas y atinadamente me dijiste que tenía talento para ser comunicadora. Me amabas porque me conocías y me conocías porque me amabas. 

Te tuve desde que nací y nunca supe valorar tu presencia. Pero eso es algo de lo que ya me he lamentado mucho. Tu, sin embargo, construiste el regalo mas grande que alguien me pudo haber dado: Un padre sin igual. Un hombre lleno de amor y sabiduría, entusiasmo y fortaleza.

Era casi medio día cuando recibí esa llamada. Sentí que el mundo se desvanecía y al misma tiempo todo se miraba igual. La gente se reía, el trabajo no acababa, ¿acaso nadie me entendía? Lo peor del caso es fingir ante la gente que nada pasa mientras el alma se vuelve pedazos.

Nos falto tiempo mi viejo, y la melancolía que me deja tu partida no se me acaba. Me hace pensar en lo bueno que hubiera sido llamarte y compartir mas tiempo contigo, pero me reconforta saber que me acompañas y soy parte de ese legado que con tanto esmero cosechaste. Y me desahogo a través de estas líneas que sé que no lees, pero si sientes, allá donde estés.

Hasta siempre Víctor López.

Victoria López

martes, 10 de junio de 2014

Treinta y un millones 536 mil...

La calculadora de un hombre muy sabio, me dio un día un dato que me haría muy feliz.

Se preparaba para un año difícil, sin embargo él se encontraba mas sereno que nunca. Y esto no era de sorprendenderse,  pues a sus años había comprendido que las tormentas de la vida tenían al final un hermoso arcoirirs esperando.

- ¿Quién de los que trabaja, quiere decirme cuanto gana? dijo, con autoridad.

Quién se atrevió a responder lo hizo no estando muy seguro si era buena idea hacerlo.

- ¿Cuánto de eso ahorras?, preguntó el sabio nuevamente.

Sin hacer mucho alarde de la respuesta del valiente, prosiguió con su discurso, pues su intención iba mas allá que darle tanto valor al dinero.

Ese día lucía diferente. El hombre que por años se había escondido en su papel de sabio, hoy quería demostrar lo que en verdad era: un amigo.

Sus ojos negros, grandes y expresivos, ese día decían algo que nunca habían dicho antes. Su voz fuerte y autoritaria se había transformado en el mas dulce sonido de un buen consejo. Su rostro áspero se había enternecido y revelaba desde ya, el hombre estaba listo.

Pasaron seis meses para que yo comprendiera esa extraña pero gratificante sensación de aquel día, pero pasaré toda una vida agradeciendo tener la oportunidad de haber conocido a aquel hombre, quien aún no estando presente, sigue enseñándome tanto.

Hizo unas operaciones en su calculadora,  que de seguro había hecho ya muchas veces. Lo corroboró. Subió su rostro con la misma suave mirada y nos dijo a los presentes:

En este nuevo año tienen 31 millones 536 mil oportunidades para ser felices. Para sonreír y disfrutar lo bueno de la vida.

Han pasado después de tu partida 31 millones 536 mil oportunidades,  y cada una es un segundo para extrañarte y recordarte. Pero el tenerte presente me hace seguir tu consejo, tu ejemplo y ser un poquito de todo lo que fuiste.

Muchas gracias hombre sabio.

Victoria López

jueves, 5 de junio de 2014

Manuelito

Han pasado ya siete días desde que vi esos ojos negros, achinados y tristes. Pude verlos apenas unos segundos porque estos preferían ver el suelo. Los vi concentrados en que alcanzara el agua para toda la ventana y en que el sofisticado artefacto con el que limpian los vidrios quitara por completo esa mezcla misteriosa de agua y jabón.

Le hice "señas" que no lo limpiara, no por que me importe que se raye mas el "windshiled" de mi Toyota 96, si no porque me cuesta negarme a darles aunque sea una moneda, sabiendo que difícilmente sea para saciar su hambre.

Lo observé atentamente, era un experto en el oficio, su cuerpecito apenas alcanzaba y se puso de puntitas. Cuando menos lo esperé ya estaba justo a la par mía. Chorriadito de pies a cabeza, con su mano extendida y la mirada en el suelo.

Me vi obligada a darle unas monedas, pidiendo en mi interior que fueran realmente para él, pero quería darle algo mas que eso.

-¿Cómo te llamas?, le pregunté.

- Manuelito, respondió con una expresión enternecedoramente triste.

Movió su manita como exigiendo lo que le correspondía y para que yo me callara. No lo culpo pues en el semáforo el tiempo apremia. Le dí lo suyo y se fue corriendo, mientras me quedaban atravesadas en el pecho unas palabras, pero más que eso, un terrible sentimiento de impotencia.

Dios te bendiga Manuelito, quisiera poder hacer algo mas por cambiar tu suerte, pero por el momento no puedo hacer nada mas que pedir por ti.

Cuántos Manuelitos hay en la calle de limpiavidrios, vendedores, lustradores. Cuántas pieles tostaditas por el sol, cuántos pies con suerte calzados con pedazos de cuero caminando kilómetros y no precisamente para ir a la escuela. Cuánta indiferencia de parte de nosotros que paseamos distraídos en nuestros carros, pensando en nuestros insignificantes problemas en comparación con esta amarga realidad.

Victoria López

Calladita se miraba mas bonita...

Siempre me ha gustado escribir, me gusta sumergirme por un momento en ese océano en dónde la "casaca" fluye en mí, y aunque después intente escribir sobre lo mismo, las ideas siempre me resultan distintas. Sin embargo, he de confesar que soy mejor escuchando que hablando, y leyendo que escribiendo. Y esto no porque no crea que sea buena, pues después de cinco años estudiando el ego se me ha elevado un poco, si no porque pienso que para hablar o escribir sobre algo se debe saber lo suficiente sobre ello.

Me molesta de sobremanera ver cómo muchos opinan por medio de lo que todos conocen como redes sociales, que en realidad son medios de comunicación masiva de corto o largo alcance, de temas sociales, políticos y no pueden faltar los deportivos. Dichos comentarios van con tan poco atino y con la escusa que los desafortunados que los siguen tienen que aguantarse a leer sus obstinados pensamientos, que no resultan ser mas que el reflejo de ignorancia e inmadurez.

No puedo generalizar, y menos si usted lector se siente aludido, pues he tenido el placer de leer hermosas líneas dedicadas a la familia, a un ser querido que ya no está, y hasta de parejitas de traidos que parecen comunicarse mejor por estas plataformas sociales en dónde todos los leen, que en persona.

Sé que me falta muchísimo por aprender, prueba de ello es que soy un desastre en un jueguito de preguntas de cultura general que está de moda, pero de eso se trata la vida de abrirse a aprender y saber enseñar.

Es por ello que con la creación de este blog decido romper el silencio plasmando y compartiendo ideas de esta humilde servidora, con mucho respeto y cariño para quienes gasten un poquito de su valioso tiempo al leerme.

Ana Victoria López