Han pasado ya siete días desde que vi esos ojos negros, achinados y tristes. Pude verlos apenas unos segundos porque estos preferían ver el suelo. Los vi concentrados en que alcanzara el agua para toda la ventana y en que el sofisticado artefacto con el que limpian los vidrios quitara por completo esa mezcla misteriosa de agua y jabón.
Le hice "señas" que no lo limpiara, no por que me importe que se raye mas el "windshiled" de mi Toyota 96, si no porque me cuesta negarme a darles aunque sea una moneda, sabiendo que difícilmente sea para saciar su hambre.
Lo observé atentamente, era un experto en el oficio, su cuerpecito apenas alcanzaba y se puso de puntitas. Cuando menos lo esperé ya estaba justo a la par mía. Chorriadito de pies a cabeza, con su mano extendida y la mirada en el suelo.
Me vi obligada a darle unas monedas, pidiendo en mi interior que fueran realmente para él, pero quería darle algo mas que eso.
-¿Cómo te llamas?, le pregunté.
- Manuelito, respondió con una expresión enternecedoramente triste.
Movió su manita como exigiendo lo que le correspondía y para que yo me callara. No lo culpo pues en el semáforo el tiempo apremia. Le dí lo suyo y se fue corriendo, mientras me quedaban atravesadas en el pecho unas palabras, pero más que eso, un terrible sentimiento de impotencia.
Dios te bendiga Manuelito, quisiera poder hacer algo mas por cambiar tu suerte, pero por el momento no puedo hacer nada mas que pedir por ti.
Cuántos Manuelitos hay en la calle de limpiavidrios, vendedores, lustradores. Cuántas pieles tostaditas por el sol, cuántos pies con suerte calzados con pedazos de cuero caminando kilómetros y no precisamente para ir a la escuela. Cuánta indiferencia de parte de nosotros que paseamos distraídos en nuestros carros, pensando en nuestros insignificantes problemas en comparación con esta amarga realidad.
Victoria López
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarNo debe andar el mundo con los pies descalzos; ni el amor recién nacido preso! ...No deberían de andar los niños en la calle.
ResponderBorrarGracias por compartir este efímero pero profundo pasaje. Saludos! ..Henry Castañeda...