lunes, 16 de junio de 2014

Señor sonrisa

Tengo tres días buscando la inspiración para escribirle algo lindo a mi padre en su día, y he llegado a la conclusión que no existen las palabras adecuadas para expresar tan fuerte sentimiento.

Y es que al pensar en el hombre que me ha hecho la mitad o quizá tres cuartos de lo que soy, se me vienen a la mente los mas exquisitos recuerdos de mi infancia y adolecencia, y me reconforta saber que nuestra historia continua.

Hay mucho que contar, pero comenzaré por ese 18 de enero de 1991, cuando lo conocí. Esperaban un lindo varón, pero ¡oh sorpresa!, resultó ser una "hembrita", cómo dicen en el pueblo. Me encanta escuchar esa historia, y mas cuando dice que bastó con verme a los ojos para enamorarse de mi. Yo también lo hice, y aunque no recuerde ese momento con exactitud, el sentimiento que me inunda hoy, 23 años después, explica la conexión de aquel día.

Y es que no existe un hombre de naturaleza completamente humana a quién yo pueda amar como a él.  Por quién yo sienta esa inexplicable paz de solo escuchar desde lejos el ruido de la colección de llaves que cuelgan de su cintura, y anuncian su llegada. O ese abrazo fuerte que siempre dura lo justo. Ni mucho, ni muy poco. O ese roze de su barba de "talibán", y su mejilla siempre húmeda por tanto trabajar.

No sé a ciencia cierta cuantos en este mundo crean en mi, pero él lo hace, a veces demasiado. Pero me encanta. Me encanta que me recuerda lo buena que soy, y lo hasta lo presuma con los demás . Quizá para algunos no sea nada, pero para mi lo es todo.

Me ha enseñado a ser una soñadora empedernida, y a volar tan alto sin despegar los pies del suelo. Me ha enseñado a decir gracias por todo y a todos, como símbolo de la inmensa humildad que lo distingue.

Me encanta observar como tiene esa facilidad de caerle bien a todo el mundo, y estoy segura que si no fuera mi padre y un día o conociera, igual lo querría. Porque es imposible no apreciar una sonrisa sincera recién salida del alma, junto a una broma, a veces mala,  pero siempre con la mejor intención.

Suena el teléfono. Una llamada para mí.

-Buenas noches, casa de la familia López, contestó. 

Y cómo si no fuera suficiente vergüenza para mí, luego lo escucho decir.

- De "pashte quién pa' preguntash".

Y esa es una, de muchas...

Tu humor, tu sonrisa y esa extraordinaria forma de ver la vida me inspiran Papito. Me encanta hablar contigo del futuro y saber que siempre te tendré. Físicamente los años que Dios quiera, pero en lo mas profundo de mi corazón no habrá nada ni nadie que pueda arrancarte jamás.

Me encanta caminar junto a ti y tomar tu mano,  cómo lo que siempre seré: Tu niña. Esa niña que confía ciegamente en ti, y piensa y nunca lo ha dudado, que tú, con todos tus defectos y virtudes, eres simplemente: El mejor papá del mundo.

Te amo.

Ana Victoria López

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