viernes, 30 de octubre de 2015

Perder para ganar

Hay que perder para ganar. Es una premisa que recordaré toda mi vida y de la cual hoy culminó una lección aprendida.

Perdí el amor, perdí unos kilos, aunque luego los subí al triple. Perdí dinero en estupideces, perdí amigos, que no eran tan amigos.

Perdí el tiempo y un par de buenas oportunidades. Perdí horas en el tráfico. Perdí un trabajo estable, gané otro que parecía bueno, pero luego lo perdí también.

Perdí la cordura pero no la dignidad y perdí más tiempo.

Perdí uno de cada par de aretes que compré, perdí mis facturas. Perdí los audífonos de mi teléfono y cientos de colas.

Perdí el control y me enojé. Perdí la vergüenza y lloré. Perdí momentos con los míos y gané risas con desconocidos.

Perdí un examen privado contra todo pronóstico y me arrebataron varias oportunidades de inmediato, pero entre toda la frustración que eso causó, entendí que gané más de lo que perdí.

Gané experiencia y madurez. Reafirmar que el mundo no gira en torno a mis deseos y que cada cosa llega en el momento justo, ni antes ni después.

Gané la oportunidad de conocer cada defecto y virtud de seres humanos que hoy forman parte de mi esencia y cuanto agradezco haberlos conocido.

Gané conocimientos que nadie me los quitará. Gané secretos que serán solo míos. Gané sonrisas perdidas y consejos efímeros. Gané amor y lealtad, discernimiento y desagrado.

Gané dinero, que luego volví a perder, pero no me arrepiento de nada de lo que hice ni dejé de hacer.

Gané tantas cosas que pensé que había perdido. Perdí a la niña y gané a la mujer.

Y entre tantas cosas que perdí y que lloré, hoy gané una más: el examen privado que me acredita como Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social, título que si bien no es sinónimo de inteligencia, si lo es de perseverancia. Por lo que entre tanta perdición hoy me aplaudo a mi misma y digo orgullosamente, lo logré.

Gracias a todos los que creyeron en mi victoria, pero más a los que me veían perdedora.

Ofrezco este triunfo, cual dedicatoria de tesis, a mi Padre el Altísimo, que cuidó cada paso firme y cada paso perdido. A mis papas que apoyaron mis desiciones y me tendieron su mano. A mi hermanos que me inspiraron a ser su ejemplo. Amigos y demás familia que estuvieron pendientes y me consolaron, les digo ahora tenemos que celebrar.

No cabe mi gratuitud en estas palabras, pero estoy consciente que este es el final del inicio y lo mejor siempre es lo que está por suceder.

Gracias a todos.

Victoria López

viernes, 16 de octubre de 2015

Tan humana y perdedora

Tengo tantas palabras atoradas en los dedos que quieren contar tanto de mi, pero no me gusta parecer egocéntrica y sinceramente pienso que no a muchos les interese...

He de confesar que soy mejor escuchando que hablando y leyendo que escribiendo, pues sigo siendo un alma efímera que esta muy lejos de ser perfecta.

Hoy me encuentro en medio del puente entre la paciencia y perder el tiempo, pero he comprendido que no soy ni seré lo que nadie más espera que sea.

Sólo seré yo. Y allí estaré, esperando que alguien lea estas deprimentes letras, y puedan puedan quedar recicladas en el  inconsciente de más de uno.

Seré yo, acatando la autoridad y meditando entre lo que me parece correcto y lo que no. Sirviendo con pasión a quien se deje y siendo benevolente.

Confundida y aturdida entre el ruido estridente del mundo y la paz de mi habitación llena de blanco.

Agradecida por las lecciones de la vida y esa gente mal intencionada que me ha enseñado a como nunca debo ser. Con la vista en el firmamento y recociendo que la altura se mide de la cabeza al cielo, por lo que cuanto ayuda estar de rodillas.

Seré yo, tan humana y perdedora, pero digna y victoriosa por la gracia de el Ser Supremo, que en este diluvio de la vida me ha enviado su barca y me llevado a la otra orilla.

Victoria