Tengo tantas palabras atoradas en los dedos que quieren contar tanto de mi, pero no me gusta parecer egocéntrica y sinceramente pienso que no a muchos les interese...
He de confesar que soy mejor escuchando que hablando y leyendo que escribiendo, pues sigo siendo un alma efímera que esta muy lejos de ser perfecta.
Hoy me encuentro en medio del puente entre la paciencia y perder el tiempo, pero he comprendido que no soy ni seré lo que nadie más espera que sea.
Sólo seré yo. Y allí estaré, esperando que alguien lea estas deprimentes letras, y puedan puedan quedar recicladas en el inconsciente de más de uno.
Seré yo, acatando la autoridad y meditando entre lo que me parece correcto y lo que no. Sirviendo con pasión a quien se deje y siendo benevolente.
Confundida y aturdida entre el ruido estridente del mundo y la paz de mi habitación llena de blanco.
Agradecida por las lecciones de la vida y esa gente mal intencionada que me ha enseñado a como nunca debo ser. Con la vista en el firmamento y recociendo que la altura se mide de la cabeza al cielo, por lo que cuanto ayuda estar de rodillas.
Seré yo, tan humana y perdedora, pero digna y victoriosa por la gracia de el Ser Supremo, que en este diluvio de la vida me ha enviado su barca y me llevado a la otra orilla.
Victoria
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