miércoles, 1 de octubre de 2014

Triste día del niño

En la escuela de la par se escuchan los gritos de alegría, los niños quiebran la piñata y se revuelcan por los dulces. Sus pedazos de uniforme terminan percudidos. Un día como hoy, primero de octubre, hasta los piojos se dan fiesta. Las niñas llegan con la colitas deshechas y los varoncitos terminan de romper los pantalones, a pesar de los refuerzos en las rodillas que les puso la mamá…

En el oscuro cuarto continuo, todavía huele a “miados”. Nadie ha recogido las bacinicas, ni limpiado los cartones mojados de sudor. Sí, los cartones. Que algunos usamos para que duerma un perro. Allí, duermen niños.

Sus almas descansan solo unas horas de su amarga realidad, su ignorancia los hace aceptar en silencio su suerte. No han escuchado las risas de la vecindad, porque la jornada laboral comienza a las cuatro de la mañana.

Tienen que estar listos en los semáforos temprano, para que los distinguidos empresarios, que madrugan, compren sus chicles, cigarros o las rosas para la secretaria. Tienen que estar vivos, porque tienen suficiente competencia, y de la venta depende el pago para “el señor”.

“El señor” está enojado. Cuatro no llegaron a la meta. Sí, ellos también tienen metas, como todos los vendedores. No hay excusa para no hacerlo, pues el  escenario consumista en el que se mueven, obliga a que un Fulano, quiera comprar un cigarrito de solo verlo.

Cuatro no se ganaron la única comida del día. Frijoles y arroz, café frío. No importa, dice Sarita, la mayor del grupo, quien se las ingenia para que entre todos dejen un poquito del mísero platillo servido  para darles a los castigados.

Son las ocho de la noche, y  los miembros del cuarto oscuro no sienten sus piecitos, no cabe más cansancio en los que deberían de ser cuerpos llenos de energía. Podrían estar manejando sus bicis, o viendo caricaturas. Podrían estar siendo regañados por el papá por haber roto el uniforme de la escuela, mientras la mamá lo vuelve a remendar. Podrían tener una simulación de caricia al ser despiojadas. Pero no, no tiene ni ese poquito de suerte…

No para todos es un feliz día del niño.


Victoria López

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