Miro en retrospectiva, cada color que he preferido y cuanto refleja eso lo mucho que he cambiado.
Del turquesa de mi vestido de quince pasé al morado, como identidad de un apodo muy querido.
Hoy quiero decirles que me gusta el verde, pero no cualquier verde, me gusta el verde bambú.
Me gusta el verde esperanza, ese que aniquila mi impaciencia, que me da paz en medio del negro de cada situación. Me gusta lo incierto y lo bueno que está por suceder. Incluso me gusta lo malo, porque hasta en ello hay esperanza y una lección esperando.
Me gusta comer verde y estar en armonía conmigo. Me gusta lo que el verde hace con mi desnudez frente al espejo. El verde me ama tanto que ha cambiado mi forma de pensar en los placeres efímeros versus la salud de protagonista.
El verde bambú me encanta, me hace fuerte como las raíces de la planta en sus cimientos, que esperan el tiempo justo para alcanzar el cielo. Esa planta milenaria que me ha dado buenos consejos citados en el libro "El secreto del Bambú", del escritor y conferencista Ismael Cala, que ahora cito textualmente:
- Echa raíces profundas antes de salir a conquistar tu realidad y lanzarte en pos de tus sueños.
- Sé flexible, nunca te quiebres, aunque a veces pienses que la vida pesa demasiado.
- Practica la humildad.
- Sé agradecida y bondadosa.
- Prepárate para ser útil en muchos terrenos de la vida, y nunca dejes de aprender.
- Apóyate en lo colectivo. Escucha a los demás. Recuerda: eres una animal gregario.
En fin, el verde es maravilloso, engloba en sí mismo tantas cosas positivas que van más allá de estar en armonía con la naturaleza, como se asocia comúnmente.
El color de mi cacharro que me ha llevado y traido por 8 años, el logo de mi Alma Mater, sin duda el verde es el mejor.
Espero que pronto me regalen algo verde.
Victoria López
También he pasado por varios colores hasta llegar al verde donde me he quedado por la sensación que me invita a seguir adelante.
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