¿En qué piensas si te digo
la palabra cáncer?
Yo pienso en lucha y
dolor.
La cirugía de extracción
de matriz fue muy tarde, el cáncer había avanzado. No sé qué órganos estaban
invadidos, pero ella decía que le dolía la espalda. Le gustaba tirarse en el
suelo, pues lo frío era único que mitigaba el dolor. Cremas fías de diversas
marcas utilizaba. Se quejaba mientras dormía. Las veces que nos visitaba se
quedaba conmigo, me desperté muchas veces para tocarla y ver si se movía.
¿Qué clase de
quimioterapia no vota ni un pelo? Recuerdo el momento en que decidió cortárselo,
para no hacer más dura la tortura de ver caer su larga melena negra. Sin
embargo hubo todos los síntomas menos el pelo. Quizá era porque el nuevo corte
era muy bonito, y quería que todos la recordáramos así.
Nunca perdió el
sentido del humor, yo era muy niña y siempre he sido bien crédula. Cuando me
muera te voy a venir a jalar las patas, me decía. No me daba miedo, y
francamente me gustaría en algún momento sentirla.
Extraño la bulla que
hacía, y sus indiscreciones. Cómo se miraba con el sueter de la viejita de la
arenilla. ¿Quién va a volver a quemar una ametralladora de cien metros un 9 de
julio?
Hizo todo lo que le
dijeron para curarse, no dejó de luchar. Disimulaba su semblante de dolor con
una sonrisa torcida que tengo tan presente. No venció la enfermedad, pero vence
el olvido, pues su recuerdo está más presente que nunca en quienes la
conocimos. Pícara y trabajadora como siempre, fuiste un regalo muy lindo.
Desde el cielo sé que
estas muy orgullosa de esa semillita que sembraste, unos hijos trabajadores,
nietos hermosos y el resto de nosotros que te amaremos por siempre.
Victoria López

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