miércoles, 9 de julio de 2014

Pasos cortitos

Una adivinanza 
"Agua pasa por mi casa, aguacate de mi amor"

Todos ríen, mas nadie se atreve a decirle que está errada.

Verla, oírla, olerla y tocarla, te hace pensar que posee una ternura sobre humana. Nunca la he visto enojada de verdad, tal vez haciéndose la estricta para que los nietos le hagan caso. Igual nunca lo hacen. Ninguno salió con ese agrado innato de rezar por las mañanas e ir a misa todos los domingos.

Pensar en ella es un regalo hermoso. Tiene la cualidad de hacerte sentir paz hasta en los momentos más difíciles. Saber que existe un amor sincero que quizá no exprese con palabras, pero sí con una oración elevada al cielo. Te pido Señor por mis hijos, por mis yernos, por mis nietos y bisnietos, sobre todo los que están lejos… y es que es más fácil resumirlo de esta manera a tener que mencionar cada uno de los nombres, pues somos tantos, pero estoy segura que su corazón está dividido en lugar para cada uno.

Dormir junto a ella es una de las mejores cosas que puedo contar de mi infancia. Sentir su amplia espalda y su dulce olor a crema Nivea, me hacían sentir tan segura y amada. Y aunque siempre me tenía que despertar temprano y escucharla rezar, es un sensación que no cambiaría por nada. Aprendí el Padre Nuestro, el Ave María, el Salve, el Credo de los Apóstoles, los Misterios del Rosario, allí acostada, juntito a ella. Pero lo más importante que aprendí, es que Dios te escucha si le hablas desde lo más profundo de tu ser. Que no hacen falta versos elaborados, si no sinceridad y humildad en tus palabras.

Con ella entendí que la religión es un camino al Padre, pero lo más importante son las acciones. Nunca la he escuchado juzgando o deseando el mal a alguien. Quizá quejándose de sus dolencias, pero siempre convencida que ese no es un impedimento para servir.

Nunca dice que está bien, siempre está dos que tres, y es la verdad. Son 76 años de madrugar, trabajar y hacerle frente a la vida en su calidad de viuda con ocho hijos. Sus pasitos cortos ayudados por un bordón la delatan. El sonido que hacen sus huesos al levantarse y la forma en que ahora se queja dormida, me hacen querer regresar a los tiempos en que sus colochos aún eran negros.

Siendo sinceramente egoísta, me rehúso a pensar que un día voy a dejar de comer esos frijolitos perfectos, y ese mosh ahumado en las mañanas. Que no voy a tener el privilegio de caminar a su lado al final de la procesión para Semana Santa.

Dormite mi niño cabeza de ayote, si no te dormís te come el coyote…

Así nos cantó a cada uno de los personajes retratados en la pared de la sala de su casa, a quienes ama por igual, incluso a los que no la llaman ni la visitan. Porque para su amor no hay condición. Porque a sus canillas adoloridas no hay quien las detenga si un enfermo necesita la Comunión. Porque no hay nadie en el Barrio San Cayetano a quien no le haya dado fiado, o le haya prestado el horno. Eso es humildad señores, lo demás son pajas.

No la juzgo por sus acciones, y creo que es lo más cercano a la perfección humana que conozco. Siempre siendo tan ella, siempre estando más cerca de Dios que nosotros.

Al Facebook, le dice "fleibor", al Skype, le dice "Cash", y entre la risa que me ha causado esto, he llegado a la conclusión que a ella no le hacen falta estas tecnologías, si tiene un arma poderosa, que reconforta su alma día con día: La biblia.

Doy gracias por sus años, y pido más navidades iluminadas por el esplendor de su sonrisa, rodeando al niñito Dios de madera que cuida tanto. Pido más recibimientos en la puerta, un abrazo y su amplio regazo. Señor, yo sé que no es mucho pedir…

Felicidades Mayita.

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