jueves, 12 de junio de 2014

La no anunciada crónica de una muerte

Hay diferentes puntos de vista sobre la muerte, pero todos convergen en que un día finalmente llegará.

Ese día no amanecí pensando en ti, si no en la innumerable lista de pendientes en la oficina. En cómo iba a arreglarme el pelo y si finalmente dejaría de llover.

De hecho aunque sabía de tu gravedad, necesitaba concentrarme al manejar, y no meterme en la infinidad de hoyos en el asfalto producto del invierno y la mala utilización  de mis impuestos.

Mi siempre egoísta forma de ser, no reparó en que ese dolor de pecho, de esos que las ancianas llaman mal presentimiento, tenía que ver con tu existencia.

Habían pasado dos semanas desde que las palabras se me habían quedado trabadas en la garganta, al verte sentado en la sala de la casa respirando con dificultad, y luego de haber ensayado media hora en cómo decirte que te amaba.

Nunca te lo dije en vida, tú si me lo dijiste, pero no tan literal.  Fue hace cinco años, cuando me observabas y atinadamente me dijiste que tenía talento para ser comunicadora. Me amabas porque me conocías y me conocías porque me amabas. 

Te tuve desde que nací y nunca supe valorar tu presencia. Pero eso es algo de lo que ya me he lamentado mucho. Tu, sin embargo, construiste el regalo mas grande que alguien me pudo haber dado: Un padre sin igual. Un hombre lleno de amor y sabiduría, entusiasmo y fortaleza.

Era casi medio día cuando recibí esa llamada. Sentí que el mundo se desvanecía y al misma tiempo todo se miraba igual. La gente se reía, el trabajo no acababa, ¿acaso nadie me entendía? Lo peor del caso es fingir ante la gente que nada pasa mientras el alma se vuelve pedazos.

Nos falto tiempo mi viejo, y la melancolía que me deja tu partida no se me acaba. Me hace pensar en lo bueno que hubiera sido llamarte y compartir mas tiempo contigo, pero me reconforta saber que me acompañas y soy parte de ese legado que con tanto esmero cosechaste. Y me desahogo a través de estas líneas que sé que no lees, pero si sientes, allá donde estés.

Hasta siempre Víctor López.

Victoria López

1 comentario:

  1. Es muy cierto q duele mirar que el mundo sigue igual mientras uno se derrumba por dentro de dolor. Lo primero que uno se pregunta es: ¿acaso nadie me entiende?. Pero la vida sigue y sus legados se proyectan con nuestras acciones. Sigue delante con tu carrera!!

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