Tu más grande
competencia debería ser “vos mismo”.
En vez de pensar en cómo
ser mejor que los demás, ¿por qué no ocuparse en superar aquel novato que
fuiste ayer?
Que esos “golazos” que
has metido, sirvan para hacerte entender que en el largo camino de la vida, nunca
sabrás que es levantarse, si no has caído.
Y si te comparas con
los demás, que sea para aceptar con humildad, que el camino que tu compañero ha
recorrido, ha sido igual o más difícil que el tuyo. Pero él ha tomado lo bueno
y lo malo, para ser quién es.
La competencia debería
ser siempre sana. No hay nadie mejor que nadie, sino personas que han
arriesgado más. Lo que es digno de reconocer.
En tus manos está, ser
la persona en la que te querés convertir. Por loco que sea tu sueño. Por
imposible que parezca. Porque las oportunidades no son cosa de suerte sino de
actitud.
Es por eso, que todos
días, aunque que levantes tarde y con el pie izquierdo, date un rato para ver a
tu peor competencia: ese greñudo, con la baba pegada en el cachete y cara de “hueva”,
ese que ves en el espejo, aunque no te guste. Y decile, que no importa lo que
pase. Hoy lo vas a superar.
Victoria López.
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