Lo mejor de haber nacido en este país tercermundista es ver su transformación, lenta muy lenta, pero en potencia.
Una mañana, aturdida en la rutina del tránsito de hora pico. Ese momento en que los sueños de muchos son reducidos a cumplir con el horario del patrono responsable de su supervivencia, unas sonrisas vacías le dieron sentido a ese nublado día.
Ese pickopito fabricado mucho antes del cambio de siglo, era la mejor adquisición de aquella familia, que preferían el riesgo de quedarse tirados a mitad del Periférico, que pagar pasaje por cada uno, las cajas de tomates, los tanates de papa y el ciento de naranjas.
Recuerdo aquella iniciativa egoísta de limitar la circulación de automóviles muy antiguos, como si el sistema de transporte público cumpliera las necesidades de la gente que vive al día. Iniciativas hechas por personas que no tienen más visión que la de su propia realidad. Que solo conocen esa Guatemala ideal y no tienen la menor sensibilidad en comprender la Guatemala descompuesta.
En cambio hay personas como los de la familia del pickopito, con el Toyota mal pintado, que sabe lo que significa sudar las nalgas por tener un medio de transporte limitadamente digno.
En la palangana tres pequeñitos, dos en edad escolar y una niña de brazos. Los tres con suetercitos de colores combinados por casualidad. Sentaditos en las cajas de tomates. Reían y jugaban.El más grande tenía en sus brazos a la bebé. La besaba y la miraba con singular ternura.
Su ingenuidad en vivir el momento, sin estar preocupados en que tendrían que estar en la escuela en ese instante, en que si los de la moto de la par eran cacos, o en si el presidente debía renunciar, me cambio el humor de esa empurrada mañana.
No apruebo la decisión de esos padres de llevar a sus hijos a trabajar, pero ¿quién son yo para juzgar esa realidad? En cambio apruebo esas ganas de superarse, de madrugar y luchar por dar a ese trío de angelitos la oportunidad de suplir sus necesidades elementales, o por lo menos no pasar hambre.
El mérito es propio, el esfuerzo digno de aplaudir. El Estado, responsable de la familia del pickopito, no es capaz de ofrecerle medicina en el hospital nacional, ni seguridad en el mercado, ni agua en el cantón...
Indigante y gratificante. Indigante el cuadro de pobreza de aquellos niños del pickopito viejo en contraposición con los vehículos de funcionarios públicos, blindados y rodeados de seguridad, que salen a las diez de la mañana de sus propiedades de lujo. Gratificante, porque en la oscuridad de la pobreza, disfrutan de cada instante de esa realidad corrompida, porque no conocen otra.
¿Será a veces queremos más sin darnos cuenta que ya lo tenemos todo?
Victoria López
Tu serás mi inspiración para ser una mejor persona... se copia lo bueno jeje
ResponderBorrarte quiero amiga
Mi negro lindo, vos ya sos una gran persona, aprendo mucho de vos. Seguí adelante. Te quiero mucho también.
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